La integridad del farmacéutico

6 agosto 2015

El doctor José López Guzmán, profesor de Legislación y Deontología Farmacéutica de la Universidad de Navarra, ha publicado el libro titulado “Integridad en el ámbito profesional sanitario”.

José López Guzmán

Se trata de una obra que destaca con ejemplos clarificadores la forma en que la trayectoria íntegra de un profesional debe tener en el desarrollo de su carrera profesional y personal.

Destaca la preocupación que una determinada profesión debe tener por salvaguardar la integridad de su colectivo, debido especialmente a sus repercusiones que tiene en la sociedad. Señala que la integridad, “es como el clima; todo el mundo habla de él, pero pocos conocen realmente el tema” de esta forma la integridad se referiría a la totalidad de la persona, sería como a la pureza intacta de una ente global.

Considera que la inmutabilidad de la persona integra permite mantener su identidad personal como requisito último para alcanzar la excelencia en la praxis de los diferentes colectivos profesionales sanitarios.

El Dr. López Guzmán, que es Director del Máster de Bioética, ha sido muy crítico con la forma en que se ha producido el precipitado relevo en el CGCOF y levantó la voz con este artículo recogido por la Asociación Española de Farmacia Social.

Aunque el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se refiere a integridad, como un comportamiento recto, probo e intachable; en un sentido más amplio; el autor, considera que entender la integridad implica entender a la persona y a uno mismo, aquella persona que piensa y actúa unitariamente de conformidad con el conjunto básico de principios y compromisos que conforman su identidad.

Reconoce el autor que sin embargo en ciertas ocasiones el entorno no favorece o incluso puede dificultar la consecución de este importante objetivo vital; en este sentido el autor considera varios casos:

1.- Conflicto generado cuando el criterio del farmacéutico es contrario al establecido por la legislación del país o al de su propio Colegio Profesional

 

Éste ha sido el caso reciente cuando ciertos farmacéuticos no han estado dispuestos a dispensar la denominada “píldora del día siguiente” sin prescripción médica frente a lo establecido por el Ministerio de Sanidad y aconsejado por el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos; ante esta situación las preguntas que surgen son variadas:

a) ¿Se puede pedir a un farmacéutico que relegue su integridad en beneficio de lo establecido por la legislación vigente?

b) ¿La integridad del colectivo profesional se encuentra amenazada cuando la corporación farmacéutica no protege la integridad de ciertos farmacéuticos?

c) O, por el contrario, ¿es la integridad del colectivo profesional la que se encuentra agredida cuando la corporación farmacéutica protege la integridad de ciertos farmacéuticos?

En todo caso, el presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos se ha posicionado a favor de que los farmacéuticos no dispensen la píldora del día después si sus convicciones morales así se lo aconsejan. En todo caso, la reciente sentencia judicial zanjaba el tema.

Jesús Aguilar

Recuerda el autor que la integridad no es garantía de que se ha discernido correctamente entre el bien el mal, sino simplemente que se ha intentado llevar a cabo una reflexión moral.

2.- Discrepancias que pueden surgir entre el profesional farmacéutico y su Corporación Farmacéutica

Se pueden sustentar en la búsqueda de la coherencia asentada en el bien; por ejemplo, en el conflicto que se suscita cuando hay una discrepancia del farmacéutico con respecto algún aspecto del código deontológico de la profesión.

En este supuesto hay que tener en consideración que las Corporaciones profesionales preocupadas por la imagen de sus facultativos desarrollan y hacen cumplir los Códigos de Ética para proteger sus propios intereses y los de la sociedad. Los códigos deontológicos tienen su razón de ser en el convencimiento de que cualquier trabajo requiere de un compromiso personal de actuar con ética y de la asunción de responsabilidad individual para aspirar a los más altos estándares de conducta.
Sin embargo no hay que olvidar que esos códigos son sensibles a los usos sociales y en determinadas ocasiones pueden contener artículos contrarios a las consideraciones o creencias de algunos de los profesionales a los que van dirigidos.

Por lo tanto antes de realizar cualquier apreciación es necesario estar percibidos de que el código encaje con los fines de la profesión.

3.- Límites de la autonomía profesional

La autonomía es un presupuesto de la integridad para dilucidar conflictos que afecten a la integridad de los miembros del equipo sanitario; hay que valorar el enfrentamiento de las autonomías de los distintos agentes.

Por ejemplo el derecho del paciente al respecto de su autonomía no es absoluta, sino que está limitado por la reclamación equivalente del agente sanitario al respeto debido a su propia autonomía. Por ello el paciente no puede violar la integridad del farmacéutico como persona.

4.- Farmacéuticos que no dispensan homeopatía o “productos milagro”

Según López Guzmán, si el farmacéutico no quiere vender un determinado producto por considerar que es un “producto milagro”, no se puede esperar que doblegue su autonomía en beneficio de la del paciente ya que en este caso estaría poniendo en juego los principios que el farmacéutico considera fundamentales para él y para su profesión como la veracidad o el bien del paciente.

En el cuidado de la salud no se puede generar una verdadera relación de confianza si uno de los agentes impone sus valores sobre el otro, en estos casos puede ser preferible apartarse respetuosamente de la relación para evitar que la cooperación en un acto determinado pueda comprometer la integridad moral del agente sanitario o del paciente.

La integridad moral del encuentro entre el agente sanitario y su paciente; o entre un determinado profesional y otros agentes sanitarios solamente estará garantizada si está en manos de profesionales virtuosos, que han adquirido y siguen cultivando las virtudes propias de las profesiones sanitarias, por ello es necesario trabajar para crear un entorno que favorezca la integridad.

Al respecto, la Declaración de Barcelona de 1998 considera la integridad como “la condición de una expresión de vida digna en su dimensión mental y física, cuando no está sujeta a una intervención externa”.
Para el Profesor de Legislación de la Universidad de Navarra, hoy día al agente sanitario se le exige una integridad. Se considera que la integridad del farmacéutico, es un elemento positivo y necesario. Sin embargo, no es tan frecuente hacer alusión a la integridad del paciente. Esta situación no es lógica –considera López- ya que la atención sanitaria implica una relación intersubjetiva entre el paciente y otros agentes sanitarios; dicha relación requiere reciprocidad de derechos y deberes. Esa reciprocidad genera la necesaria confianza entre el profesional y el paciente.

Específicamente hablando de la integridad en el ámbito profesional farmacéutico, en la profesión se realizan trabajos muy variados la mayoría de ellos tienen al paciente como sujeto de su acción.
La integridad del paciente puede ser amenazada, por ejemplo, por el sanitario; al no respetar el secreto profesional por el farmacéutico de una compañía farmacéutica; al transmitir una información sesgada, o a dejarse llevar por los intereses económicos; o por el investigador al publicar los resultados de un ensayo clínico con datos estadísticos maquillados.

Integridad en el ámbito profesional sanitario

La integridad de la profesión sanitaria se debe corresponder con la confianza que la sociedad deposita en algunas estructuras sociales por ejemplo, las Asociaciones o las Corporaciones Profesionales.

Uno de los elementos que caracteriza a estos grupos es precisamente el de la integridad, por esta razón las Corporaciones sanitarias se preocupan de recoger en sus estatutos o códigos deontológicos, aspectos orientados a mantener esa coherencia interna de la profesión, que sirve de elemento que garantiza el servicio de su ejercicio externo. En resumen, se puede hablar de una integridad de la profesión farmacéutica, que puede ser la principal determinante de la confianza que la sociedad deposita en este colectivo.
Así el farmacéutico, se considerará integro “cuando piensa y actúa unitariamente de conformidad con el conjunto básico de sus principios o compromisos que conforman su identidad, que le hacen ser quien es”.

De esta forma la integridad se presenta como un requisito para alcanzar la excelencia tanto personal como profesional y es considerada como una cualidad valiosa de la persona.

Este objetivo no se consigue sólo con guías o protocolos, requiere educación y del ejemplo de todos y cada uno, así como de las Instituciones que nos representan, Instituciones que deben permitir a sus integrantes que puedan desarrollar y aprovechar su capacidad para la reflexión crítica, que no deben forzar ni asumir roles específico, y por último que dejen a los integrantes espacio suficiente para no verse sometidos a la tiranía de lo “políticamente correcto”.

El libro termina con una frase de Jackson Brown: “vive de tal manera que cuando tus hijos piensen en justicia cariño en integridad piensen en ti”.

En suma, un libro de obligada lectura que está disponible en la Editorial Comares.

2 comentarios por “La integridad del farmacéutico”

  1. Marga

    Me dio clase Don Jose en Navarra, me quedo un grato recuerdo, si señor.

  2. Aspirino

    Buen articulo, hace falta mucha moralidad e integridad en nuestra profesion. Bravo por el libro.

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